En general, los propósitos de Año Nuevo suelen durar poco. Muchas personas comienzan con entusiasmo, pero la motivación inicial se va debilitando con el paso de los días si no existe un plan claro o un hábito que los sostenga.
Durante las primeras una o dos semanas, una gran parte de la gente ya empieza a fallar. Antes de que termine enero o llegue febrero, alrededor del 80 % de los propósitos se abandonan. A los tres meses, solo entre un 10 y un 20 % de las personas continúa cumpliéndolos de manera constante, y menos del 10 % logra mantenerlos durante todo el año.
Esto ocurre, en gran medida, porque los objetivos suelen ser demasiado ambiciosos o poco concretos. Además, muchas veces dependen únicamente de la motivación del inicio de año y no de un compromiso personal profundo. La falta de seguimiento y de medición del progreso también contribuye a que se abandonen rápidamente.
Los propósitos que duran más suelen transformarse en hábitos pequeños y específicos. Tener un plan claro, centrarse en el progreso en lugar de la perfección y revisar los avances con frecuencia aumenta mucho las probabilidades de mantenerlos en el tiempo.



