¿Nos estamos convirtiendo en una sociedad pasota?

Nos-estamos-convirtiendo-en-una-sociedad-pasota-1920

Vemos una injusticia y seguimos caminando. Escuchamos un problema y pensamos que alguien se ocupará.

Conocemos situaciones que deberían preocuparnos, pero al poco tiempo aparece otra noticia, otro vídeo, otra polémica… y lo anterior desaparece de nuestra cabeza.

Poco a poco podemos acostumbrarnos a casi todo. Pero quizá no sea simplemente que cada vez nos importe menos lo que sucede.

También puede ocurrir que estemos saturados. Todos los días recibimos noticias, problemas, conflictos, desgracias, opiniones, discusiones y llamadas constantes a nuestra atención. El teléfono nos permite saber en unos minutos lo que está ocurriendo en cualquier parte del mundo.

Y nuestra capacidad para preocuparnos no es infinita. Cuando todo parece urgente, al final nada termina pareciéndolo demasiado.

A esto se suma otra sensación peligrosa: pensar que nosotros no podemos hacer nada.

“¿Para qué voy a protestar?”

“¿Qué voy a solucionar yo?”

“Que lo haga otro.”

“Bastantes problemas tengo ya.”

Y así aparece la indiferencia.

No necesariamente porque seamos malas personas, sino porque resulta mucho más cómodo convencernos de que determinados asuntos no tienen nada que ver con nosotros.

También hemos aprendido a consumir los problemas como consumimos el entretenimiento.

Una noticia nos indigna por la mañana, otra ocupa nuestra atención por la tarde y mañana probablemente estaremos hablando de algo completamente diferente.

Nos enfadamos mucho, pero durante poco tiempo. Comentamos mucho, pero actuamos poco.

Y quizá ahí esté una de las grandes contradicciones de nuestra época: nunca habíamos tenido tanta información sobre lo que ocurre y, sin embargo, podemos terminar acostumbrándonos a verlo todo desde la distancia.

Pero una sociedad necesita algo más que espectadores.

Necesita personas que ayuden cuando alguien lo necesita, que participen en su comunidad, que cuiden lo que es de todos, que se interesen por sus vecinos, que cuestionen aquello que consideran injusto y que comprendan que algunos problemas colectivos terminan afectándonos a todos.

Porque la indiferencia también tiene consecuencias.

Cuando dejamos de preocuparnos por nuestro entorno, alguien termina tomando decisiones por nosotros.

Cuando nadie protesta ante aquello que considera injusto, lo excepcional puede acabar convirtiéndose en normal.

Y cuando cada uno piensa únicamente en sí mismo, poco a poco dejamos de ser una comunidad para convertirnos simplemente en personas viviendo unas al lado de otras.

Quizá el verdadero problema de una sociedad pasota no sea que no tengamos opinión.

Opiniones tenemos de sobra.

El problema aparece cuando empezamos a pensar que nada merece suficientemente nuestro tiempo, nuestro esfuerzo o nuestra implicación.

Porque hay una enorme diferencia entre observar lo que ocurre y formar parte de la sociedad en la que queremos vivir.

Y algunas cosas solo empiezan a cambiar cuando dejamos de preguntarnos:

“¿Y a mí qué?”

y empezamos a preguntarnos:

“¿Y yo qué puedo hacer?”

Comparte este contenido:

Facebook
Twitter
LinkedIn

Deja un comentario

drivox-logo

APLICACIONES A MEDIDA PARA TU EMPRESA

CREAMOS PARA EMPRESAS, NO PARA INFORMÁTICOS
Últimas Noticias
Temáticas

Suscríbete a las noticias

Recibe en tu correo las novedades y los contenidos más recientes.